Un K.O. de humildad: Todos podemos fallar


Si hay experiencias en la vida que creo agregan valor al aprendizaje de otros, sin duda alguna me veo obligado a compartir aquellos golpes de humildad que te regresan los pies a la tierra y te ayudan, no solo a ser mejor persona, sino también a ser mejor profesional. Ese instante luego de descubrir que hemos errado puede ser el “momentum” donde se define nuestra personalidad y, en definitiva, el potencial de liderazgo.

Esta vez quise dedicar la entrada al sentido puro de este blog: Todos podemos fallar. Pero más allá de nuestras equivocaciones, la decisiones cruciales en nuestras vidas están en qué hacemos al descubrir que hemos fallado. Nunca dejaremos de equivocarnos, aunque siempre podemos minimizar el margen de error al comprender y aprender de cada fallo a nuestro alrededor. Lo más difícil del proceso es que reconocer nuestras equivocaciones puede muchas veces resultar en un Knock Out donde golpea la humildad.

El ego es un arma de doble filo en el desarrollo de todo profesional, un enemigo interno en palabras de Alejandro Delgadillo; puede llenarte de confianza necesaria que transmita a otros seguridad o puede sacarte de tu centro de gravedad y llevarte a alturas desde las que cualquier caída dolerá más. Un par de cosas son seguras: No eres perfecto, no eres el mejor, en el mundo hay muchas personas más inteligentes que tu y yo. Eso lo tuve que descubrir hace algunos años a más de 18 mil kilómetros de mi hogar.

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La humildad golpea duro.

Durante mi universidad viví experiencias maravillosas y situaciones que sumadas a mi muy corta edad para vivirlas en ese momento, desencadenaron una serie de eventos que me alejaron de mi centro de gravedad, pero que no tardaron en desvanecerse para hacer de la caída una enseñanza de vida que agradeceré por siempre.

En el 2007, junto a un grupo de compañeros de universidad, nos dimos a la tarea de formar parte de una organización estudiantil sin fines de lucro que promovía el libre emprendimiento y el desarrollo económico como solución a la pobreza -cosa que hasta hoy sigo creyendo y defendiendo. Estos equipos inter universitarios de varios países competíamos con proyectos ejecutados, y de esa manera comparábamos el impacto de nuestro trabajo y nos motivábamos a mejorarlo para al siguiente año rankear mejor versus otras universidades.

Fue así que en 2007 en San Salvador, experimenté mi primera derrota pública cuando volvimos a Nicaragua anunciando a amigos y familiares que no habíamos ganado pero ni el premio de consolación que en toda competencia inventan. Ese golpe transformó la visión de un equipo de jóvenes que llenos de iniciativa y talento decidimos convertir la experiencia en un aprendizaje. El resultado, un año después, no solo estábamos coronándonos como campeones nacionales sino que también por primera vez en la historia de la organización en Centroamérica, no era Guatemala la que se llevaba el premio mayor, sino que era Nicaragua la que obtenía esa distinción. Éramos nosotros.

Pero si hacen bien las matemáticas dirán ustedes que San Salvador no está a 18 mil kilómetros. Es correcto. Esa fue mi primera experiencia de derrota consciente, pero no la que me marcó. En 2008, al haber ganado a nivel país nos hacíamos representantes de Nicaragua en la competencia mundial que nos llevó en ese mismo año a presentar contra más de 40 paises de todo el globo citados en Singapur. Dejando a un lado el viaje y la experiencia turística, nuestro paso por la competencia fue un completo desastre.

Llegamos desubicados, con los pies lejos de la tierra por ser los mejores de Centroamérica. Nuestra victoria nos hizo confiarnos y la preparación a la que nos sometimos fue mediocre, creíamos tener todo servido en bandeja de plata para presentar ante CEO´s de grandes corporaciones. Como resultado no pasamos ni siquiera la primera vuelta, cuando los demás centroamericanos -a los que habíamos vencido- si continuaron. Esa vez comprendí que en el mundo hay gente más madura e inteligente que yo. Ese día la humildad me dio un golpe tan fuerte, que a la fecha me duele pero que agradezco por que de algo sirvió. Se repitió nuestro regreso poco triunfal.

Ser bueno en algo, no te convierte en el mejor. Mucho menos te hace un líder. El liderazgo se forja cuando reconoces tus errores públicamente, admiras las buenas prácticas de otros y reunís el talento necesario en un equipo de trabajo sin miedo a ser superado. Al final, liderazgo no es farándula, es cuestión de resultados, coaching y personalidad.

No puedo admirar a los perfectos.

En lo últimos meses he tenido que aprender a lidear con personas que no están dispuestas a reconocer sus errores, pero que por desgracia suelen cometerlos muy seguido. Eso se convierte en una relación compleja por que reconocer los tuyos te hace ver como el culpable cuando los demás no los admiten. Un error no es un crimen, el ocultarlo o minimizarlo sin corregirlo si lo es. No existen personas perfectas, NO HAY. NINGUNA. PUNTO. Y aparentarlo no te convierte en mejor profesional, sino que resta confianza a tu entorno. Al final no somos islas en medio del océano, tarde o temprano necesitamos interactuar con los demás y ahí es donde eventualmente se puede complicar.

Si algo puedo asegurarles es que he cometido miles de errores en el transcurso del tiempo, por eso estoy seguro que es un tema del que puedo hablar. Mis recomendaciones la próxima vez que te equivoques:

1. Hay que saber decir “My mistake”. Siempre es más fácil ser el primero en reconocer tu error a que sea otro el que lo eche en cara. Entre cielo y tierra no hay nada oculto, y a fin de cuentas todo se sabe. Es preferible decir “Me equivoqué”, agachar la cabeza un segundo y enfocarte en que no vuelva a ocurrir que recibir un regaño y que otros pierdan confianza en vos por haberles mentido. Y si esto cuesta mucho, intenta otro ángulo aunque signifique parecer tonto.

2. Más que apagar el fuego, hay que trabajar de inmediato en pro de mejorar procesos y minimizar la ocurrencia y el impacto de futuros errores. Luego de reconocer tu error ¡levanta el rostro!, nada malo ha pasado, y sigue intentando que estás más cerca de tu meta que cuando iniciaste.

3. Darte pequeños golpes frecuentes de humildad. Bajar de las alturas y siempre recordar que no estás exento de falla (así como de pecado) nos da la oportunidad de meditar dos veces nuestros errores. Duelen menos los golpecitos que las caídas.

4. Date cuenta que siempre te equivocarás. Pero para bien tuyo si así lo decides, por que es una experiencia para aprender. Por eso es que cada cosa que aquí escribimos es para compartir conocimientos y dejarte bien claro que hay permiso para fallar.

Me encantaría escuchar tus experiencias y conocer tu feedback sobre las entradas que he publicado. Siempre eres bienvenido en los comentarios del blog o bien a mi correo personal antonio@permisoparafallar.com o en twitter @antoniojag

2 comentarios en “Un K.O. de humildad: Todos podemos fallar

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