Lo que perder $25,000 me enseñó sobre emprender.


A la pregunta ¿Cuál ha sido mi mayor fracaso hasta el día de hoy en la vida profesional? Sin duda contestaría: “No aprovechar un premio de $ 25,000 para montar mi propia empresa” … pero también la misma repuesta aplicaría a la pregunta (para muchos opuesta) ¿Hasta el día de hoy cual ha sido el mayor aprendizaje en mi corta vida en los negocios?

Y ¿Qué fue lo que pasó?: La experiencia.

A los 19 años junto a un equipo de inteligentes y muy dedicadas mujeres nos pusimos como meta obtener el primer lugar en la categoría “Mejor Proyecto” en la muestra empresarial del campus que asistíamos. El atractivo principal además de llevarnos el primer lugar ante todas las facultades de la universidad era llevar nuestro plan de negocio a la Competencia  Latinoamericana  de Emprendedores en la prestigiosa casa de estudios Tecnológico de Monterrey en México.

Un reconocido Business Angel, término que se utilizaba mucho en esa época para definir a un inversionista de riesgo, decidió aportarle más atractivo a la contienda académica al entregar $ 25,000 a la idea de negocio que logrará el primer lugar. Aquí realmente inició la experiencia de vida que sin duda marcó a todo el equipo. Desde las primeras semanas las extensas noches de trabajo se prolongaron, los fines de semana no alcanzaban para todo, los sacrificios se hicieron más continuos y por supuesto el reto se puso más duro cuando los demás equipos también se esforzaban al máximo. En ese momento el equipo era fuerte, creía en la idea, buscábamos cualquier posibilidad de apoyo;  al entregar nuestro plan de negocio sabíamos que éramos de los favoritos.

Efectivamente el pronóstico se cumplió y ¡GANAMOS! Obtuvimos el primer lugar en la categoría que nos clasificaría para representar a nuestra Alma Mater en México. Pensamos que todo lo más duro había terminado, que el próximo año nos esperaba una grandiosa experiencia de aprendizaje en una de las mejores universidades de Latinoamérica y que además contábamos con grandes posibilidades de llevarnos el primer lugar. Ahora teníamos un semestre más para prepararnos y asombrar a todos con nuestro modelo de negocio y por supuesto contábamos con $25,000 para “llevarlo de plan de negocio a la realidad”.

Llegó la semana del emprendimiento en el Tecnológico de Monterrey campus Toluca ,la ardua preparación y la pasión por la idea nos llevó a clasificar hasta la final, donde después de enfrentarnos a los 5 equipos finalistas en una contienda cara a cara logramos convencer a un experimentado grupo de jueces (todos mexicanos) que nuestra idea era la más prometedora. Nuevamente GANAMOS! Ahora sí nada nos podía detener…

El futuro del proyecto: La empresa.

Pasaron los meses y el equipo ya quebrantado por la desintegración del mismo antes del viaje, comenzó a dudar de la idea, de la rentabilidad de la misma… el miedo comenzó a hacer su trabajo en nosotros y el fracaso simplemente aterraba. Queríamos vivir de los triunfos del pasado, no entendimos que lo que la perseverancia nos entregó ahora la lucha lo iba a definir. Nos preguntábamos ¿para qué emprender, para qué esforzarse ?si después tal vez no íbamos a tener éxitos. Además los integrantes no habíamos alcanzado la madurez necesaria para reflexionar; subieron los precios del combustible y con ello nuestros costos. Nos aterraban más los factores negativos que aquellos que estaban a favor de la idea. La relación con el inversionista no era mala ni buena, simplemente era de negocios y esto no lo logramos entender, necesitábamos más dinero y nadie estaba dispuesto a aportar… Poco a poco fuimos quedando menos, no los culpo realmente no había visión, pero estos últimos esfuerzos se fueron desvaneciendo hasta que quedó como un simple modelo de plan de negocio. El resultado fue desastroso, devastador… posiblemente no volveríamos a emprender después de esta experiencia.

Desde mi experiencia personal, con los años no volví a ver el emprendimiento como algo fácil ni alcanzable… creía que era cuestión de suerte. Hasta que siendo honesto conmigo mismo fui aceptando los errores que tuvimos los cuales puedo clasificar en cuatro grandes aprendizajes.

El equipo.

Aún cuando los asuntos personales se pudieron interponer desde inicio de la idea, el equipo y las ganas de sorprendernos eran mucho más fuertes. Aprendí que el todo es más que la suma de sus partes. Es necesario decidirte si lo vas a emprender solo o en equipo. Sólo hay dos opciones. Si escoges la segunda (este fue el caso) tus intereses personales los tenes que apartar para dejar espacio y nutrir el objetivo en común. Si todos jalan para diferentes lados no avanzan y si no jalan con la misma fuerza se estancan.

 Come, reza y ama pensando en tu emprendimiento.

Las 24 horas de un día se quedan corto para los verdaderos apasionados. Cuando cada idea, programa, artículo, persona la asocias a tu idea y emprendimiento sabes que sentís una verdadera pasión. Pasás el día soñando con ella, cuando manejás de regreso a tu casa, cuando salís en grupo, cuando hablás con tu pareja, cuando hacés ejercicios, cuando comés. Una idea no se implementa sola, es necesario de una mente que la sueñe, un corazón que la quiere y cuide, y unas manos que la construyan.

 ¿Perseverar? ¡No!, ¡Luchar sí!

Escuchamos constantemente que la perseverancia nos garantizará el éxito, yo creo que la lucha es la que lo garantizará. El que persevera aguanta golpes, el luchador anticipa las malas épocas y se prepara, entrena constantemente y no pierde de vista a su contrincante. Cuando decidas emprender cualquier cosa, que se note que te estás esforzando, que hay ganas de lograrlo, que estás dando más de lo que pensaste… así sino lo lograrás por lo menos sabrás en qué fallaste. Perdidas, ¡Todos tenemos! pero un verdadero luchador se levanta y da la batalla. Independientemente de los factores negativos al proyecto debimos dar la batalla, agotar el último recurso, tocar más puertas. El que persevera alcanza y el que lucha se sorprende.

Madurez.

¡Hacer negocios es duro! No todo lo que brilla es oro, y de repente nos llevaremos sorpresas no tan gratas y muy desalentadoras que sólo con madurez podemos entender. Es importante hablar claro con las personas, en las suposiciones puede estar el problema. El diálogo puede recuperar cualquier unión.  Pensar dos, tres o cuantas veces sea necesario antes de hablar puede hacer la diferencia al cerrar un trato. La diplomacia no es hipocresía, y recordá que la “Mejor victoria está en vencer sin combatir” (El arte de la Guerra, Sun Tzu).

Nadie ha logrado escalar el Everest sin antes escalar montañas más pequeñas. La sensación de fracaso puede invadir  a cualquier ser humano y puede llegar a esfumar tus sueños y ambiciones; es normal, válido y muy necesario.  Ahora que veo la imagen completa, aún cuando sé que no le sacamos hasta el último centavo a esos $25,000, lo tomo como la maestría más cara pero más valiosa que lleve en vida real. Como les decía me llevó años asimilar y aprender de este “fracaso”, esta será otra entrada…

Pie de nota: El inversionista del cual se comenta en esta entrada actualmente se encuentra en disputas legales por supuesto mal manejo de fondos.

Un comentario en “Lo que perder $25,000 me enseñó sobre emprender.

  1. Interesante! pero considero que ganastes mas con la experiencia que lo que valian los 25 nil dolares pues a como dice Oscar Wilde el dinero no tiene valor en todos lados o momento por lo tanto es un valor irreal que depende de las circunstancias, mas los conocimientos son indispensables y valisos en todos los casos, por ejemplo citando nuevamente a Wilde un millon de dolares no tiene validez en una isla desierta y para lo que mas sirve es nada mas para una fogata, sin embargo los conocimientos dan ideas de como regresar de esa isla por eso son mas valiosos.

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