Cuando el enojo gana a la razón


Regla de oro para tu vida: Nunca abrir la boca cuando el enojo pesa más que la razón.

Si algo debemos reconocer es que TODOS pasamos por altibajos en nuestro estado de humor y uno de los más peligrosos por las posibles secuelas que deja, es el enojarnos. Cuando nos hierve la sangre en el trabajo por roces con otra persona, cuando se nos riega la bilis por una diferencia de pareja o se nos enchicha la vida por una discusión familiar… Son ejemplos que suelen suceder en nuestras vidas y que desde la óptica de la comunicación tiene una alternativa llamada manejo de crisis.

¿Por qué nos enojamos?
Por que nos corre sangre por el cuerpo y somos seres llenos de emociones que actuamos de acuerdo a las variables de nuestro entorno. El inconveniente al molestarnos es que nuestro cuerpo genera más adrenalina de lo normal y ya estamos más que claros de los efectos de tal sustancia en nuestro cuerpo. Reinan los impulsos y las emociones por sobre el pensamiento racional. ¡PELIGRO!

De acuerdo a la Asociación Chilena de Seguridad estos son algunos de los efectos al enojarnos:

– Aumenta la presión sanguínea, lo que con el tiempo puede provocar el deterioro de las arterias.
– Se eleva el pulso cardiaco y se genera taquicardia.
– Aumenta la producción de sustancias químicas como la adrenalina, lo que altera el equilibrio natural del cuerpo.
– Se desequilibra el sistema inmunológico.
– Se provocan contracturas, dolores musculares y jaquecas.
– Se acelera la respiración, provocando que el corazón bombee con más intensidad.
– Aumenta el riesgo de padecer algunas enfermedades como gastritis, colitis y dermatitis.

Pero el peor de todos los posibles efectos es que nuestra boca se descontrola y de ella salen comentarios que al final no solo pueden herir a otros sino que también perjudicarnos. Somos nuestra propia marca y lo creamos o no nuestras acciones y reacciones son parte de la imagen que proyectamos. No basta solo con la calidad de tu trabajo, la imagen que otros perciben de vos POR SUPUESTO que también influye en tu éxito. Por eso el enojo nunca debe superar a la razón.

Cuando la paciencia se colma es mejor aislarse.
Como un consejo personal recomiendo que cuando la sangre corra muy rápido a la cabeza mejor cierra la boca y retírate a un lugar aislado. Las derrotas se analizan hasta que la cabeza está fría y todo se piensa con el más meticuloso detalle hasta encontrar la razón una vez que hemos perdido esa emoción segadora que nos da la adrenalina.

Las emociones estorban cuando se deben tomar decisiones.
Piensa en esto, por alguna razón un médico no puede operar a un paciente con el que comparte lazos familiares ni tampoco en muchas compañías es visto de manera correcta que laboren familiares cercanos bajo el mismo techo. La razón es simple, las emociones nos siegan y afectan nuestra capacidad de razonamiento.

Eso mismo sucede al abrir la boca cuando estamos muy molestos. El problema es que nunca dejaremos de enojarnos, al menos no mientras vivamos, pero si podemos modelar nuestro enojo a gusto y antojo del que lo padece:

1. Cierra la boca: Cuando uno no tiene nada bueno que decir es mejor quedarse callado (una de las mejores enseñanzas de mi madre, pues más vale pasar por tímido que por inoportuno)
2. Aléjate de la fuente de tu enojo: Pues nada haces recodándolo sin mirar hacia adelante para olvidarlo
3. Descubre tu propio calmante: Todos tenemos una manera de controlar nuestra ira, es vital que conozcas los pasos del ritual de auto felicidad.
4. Hablar con furia puede denotar falta de humildad: Nunca está de más darse pequeños golpes de humildad, pues separan al líder del mandón.
5. Si todo falla, recuerda que el enojo causa arrugas. ¡Motivo suficiente para no enorjarse y sonreir!

Pasado todo eso, es hasta entonces cuando puedes abrir la boca. Pasos tan simples pueden evitarte renunciar de un trabajo estable por una rabieta, terminar una relación maravillosa por un altibajo o herir los sentimientos de otra persona por una palabra mal dicha.

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Al fin de cuentas el tiempo cura todo, desde los enojos más tontos hasta las experiencias más fuertes. Todo pasa, todo se olvida, la vida sigue y el mundo no se detiene por un resbalón. O mira el caso de tantos personajes públicos que por una dosis de furia cambiaron drásticamente los cursos de sus vidas.

Decidí compartir este tema por que lo he vivido, actuar por impluso o mero enojo hacia los demás al final les ayuda a otros a conservar su calma y al que se enoja a perder la suya. Es tiempo perdido que atenta contra la política de relaciones que todo líder debe fomentar.

Me encantaría conocer tu feedback sobre las entradas que he publicado. Siempre eres bienvenido en los comentarios del blog, a mi correo personal antonio@permisoparafallar.com o en twitter @antoniojag En cualquiera de todos los casos hay permiso para fallar.

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