¡Adiós y buena suerte!


Cualquiera que sea el tipo de relación: amigos, trabajo o pareja; siempre existe la posibilidad de tener que decir adiós por variables propias o impuestas por alguna situación. Pero las reacciones de cada persona expuesta a estas despedidas pueden variar desde una inmensa alegría hasta la mayor de las depresiones… El problema es que en algún momento de nuestro ciclo personal o profesional es inevitable decir “adiós”.

¿Por qué decimos adiós?
Son tantos los motivos por los que debemos desprendernos de algo o alguien que las posibles combinaciones me vuelven loco solo de pensarlo. A veces debemos hacerlo, otras veces nos vemos obligados o simplemente nos despedimos de una situación por mera renuncia. La última opción es en otras palabras tener miedo.

Empezando desde el final… El miedo nos obliga a renunciar a muchas posibles experiencias sin siquiera haberlas imaginado. Cuando el temor nos congela el cuerpo a niveles de respirar con sensación de peligro o inseguridad es justo el momento en que nuestro cerebro aprendió a tener miedo. No es malo tener miedo, es tan normal y permisible como fallar, el inconveniente surge cuando la inseguridad domina nuestras mentes y buscamos cualquier excusa para renunciar. Así es como muchos profesionales dan final a grandes experiencias en sus carreras por temor a un gran proyecto, a nuevos estudios o propuestas de trabajo y simplemente buscan una excusa que disfrace el miedo. Tener miedo es de valientes, vivir controlado por el miedo es de cobardes.

Cuando nos vemos obligados a decir adiós, es justo cuando no somos dueños del control que dirige las situaciones en las que nos encontramos. Un adiós obligado es cuando no somos deseados en un lugar, la convivencia con nuestros pares ya no es soportable o simplemente la vida nos ofrece nuevas oportunidades tan maravillosas que no podemos dejar pasar y es casi una obligación tomarlas.

Y estas nuevas oportunidades son las que me hacen pensar en que a veces de nosotros debe nacer el decir “adiós”. Cuando nuestro balance vida se llena de activos tóxicos tanto en plano personal como profesional no siempre es malo despedirse de un grupo de amigos, un proyecto en especial o la compañía a la que has dedicados los últimos años de tu vida. En resumen, si agrega un valor a tu vida entonces no hay que dudar en despedirse.

Y despedirse es cerrar una ventana para aventurarse a probablemente abrir una puerta. El gran truco es que detrás de esa puerta puede que encontremos el objetivo de vida que tanto buscamos. Si tu felicidad plena no se encuentra en la manera en que transcurre tu vida profesional entonces, ¿Cómo y cuándo puedo decir adiós?:

Por mucho que quisiera responderlo, el cúando no hay manera exacta de saberlo pero si puedo asegurarles que el justo momento en que perdimos tranquilidad, confianza y comodidad en un ambiente es el indicador más claro para buscar la salida de emergencias. El cómo si es más sencillo, siempre debemos decir adiós abanderados con la verdad.

kickass-desktop-wallpapers-7

Las verdad nos hace libres y quien lo dijo no se puede equivocar, definitivamente por respeto a los demás no hay mejor manera que terminar una relación profesional que con la pura verdad. Sí, “mi salario no me parece adecuado a mis funciones”, “hemos pasado la línea del respeto”, “no puedo convivir más con mi jefe”, “no tengo la menor idea de qué hago aquí”, “siento que pierdo mi tiempo”… son frases fuertes y secas pero que realmente reflejan lo que podrías experimentar y para bien o para mal es retroalimentación para quien te deba escuchar.

Pero lo más importante de todo el proceso es tener los suficientes méritos para que al caminar de espaldas no tengamos motivos para bajar la cabeza. Eventualmente y si las circunstancias lo ameritan es justo y necesario decir adiós o nunca vamos a dar un paso extra entre todos los escalones que nos quedan por conocer.

Y si antes he dicho que conozco sobre fallar, también sé cuando se necesita decir adiós. Hace un par de años inicié mi vida profesional en una agencia de publicidad de la cual al poco tiempo renuncié, a pesar de haber cultivado excelentes relaciones personales y profesionales. Luego me aventuré a crear mi propia empresa, la cual dejé en manos de otros por un impulso al querer conocer otro ambiente, al final dije adiós también por que no me sentía cómodo. Hoy, no presumo de estar en ninguna cima en mi carrera, estoy lejos… lejísimos… Pero feliz y mucho más cerca que hace un par de años cuando no imaginaba cuánto podía aprender en el camino.

El cómo importa, robandole el título a otra entrada del blog, pues definitivamente una razón lógica para decir adiós nos permite conservar amistades y buenas referencias. Lo que importa es saber cuando llega el momento de decir adiós y siempre desear a los demás ¡Buena suerte!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s