Cuando no tenés nada bueno que decir…


¡Mejor quedate callado! Les confieso que esta última semana viví un bloqueo creativo que me hizo dar vueltas y vueltas al tema sobre el que quería escribir. Al final, de la manera más tonta ese mismo bloqueo me recordó una enseñanza enorme de vida que vale la pena compartir: Cuando no hay nada bueno que hablar es mejor quedarse callado.

En reuniones de trabajo, clases, grupos de discusión o mesas de charla muchas veces escuchamos locuciones de personas que aparentemente no lograron conectar la lengua con el cerebro al momento de abrir la boca y solo sirve para hacerlos quedar como tontos. Inevitablemente, eso nos ha pasado a todos. En este caso el crimen no es el pecado en sí, sino la frecuencia con que lo repetimos estando advertidos.

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He notado que aquellas personas que aparentan ser siempre acertadas en sus opiniones por lo general suelen hablar de manera pausada dando tiempo suficiente al armado interno de conclusiones correctas en su mente. En definitiva ¡No todos somos así! o ¿cuántas veces estás respondiendo una pregunta incluso antes que terminen de formularla? Son escenarios en los que nos podemos identificar.

A nivel profesional hay algo que puedo recomendarles: Sobresalir no significa participar en todo. En otra entrada decía que es mejor caer en gracia que ser gracioso, y no hay discusión cuando les digo que una persona que se auto invita a los temas de conversación no solo pierde credibilidad ante los demás sino que también choca.

Es importante que nuestra participación en proyectos, discusiones y cambios importantes en una organización sea por que nos invitan a ellos y por que otros valoran nuestra opinión. Eso solo se puede lograr aportando contenido de valor a las mesas de trabajo, cosa que sucede siempre y cuando conocemos el momento correcto para hablar o callar.

Solo ponete en los zapatos de los demás y escuchate. No siempre tenemos cosas buenas que decir, no siempre estamos preparados para opinar en una discusión… Pero eso no es tan malo como quedar en ridículo por un comentario fuera de lugar.

Tal vez esta entrada debió ser solo el título y listo. Pero les confieso nuevamente que pasé varios días sin saber sobre qué quería escribir. Por eso prácticamente decidí quedarme callado. Si tenés algún tema especial que te gustaría comentemos en el blog no dudés escribirnos al mail, en twitter o nuestra nueva página en facebook.

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