Si otros han podido…


Aunque mi madre no lo sabía, su frase más común cuando quería darme impulsos ante un nuevo reto son tal vez las palabras de motivación perfectas para acompañarte durante toda tu vida: “Si otros han podido… ¿Por qué vos no?”. Y es que cuando faltan menos de 10 semanas para por fin conocer a mi primer hijo es muy difícil no llenarse de ansias, emoción y también algo de miedo. Todas estas reacciones parecen naturales y es casi imposible que la alegría que rodea la formación de una nueva vida desde el inicio de la gestación no vaya dando paso a inseguridades cuando se trata de tu primera experiencia a cargo de un frágil y pequeño nuevo ser.

¿Cómo lo hago? Y es que pareciera que somos expertos en promover la parte dura de cada proyecto por encima de los buenos momentos. Cada persona con la que hablo espera con ansias ver mis desvelos o la reacción ante interminables llantos. Todos y cada uno de los que ya han sido padres parecen que el primer recuerdo que viene a sus mentes es la ardua y continua atención que requiere un hijo y no lo increíble que supongo es tener una parte de tu vida entre ambos brazos. Y así, poco a poco mientras vas conociendo experiencias de otros, te surgen mil inseguridades y miedos respecto a cómo va a funcionar todo eso.

duda

Pues bueno… Por qué si otros lo han logrado ¿Yo no? Eso me lo repitió mi mamá durante la escuela, en la universidad,  cursos de inglés y en cada momento en el que por un segundo yo pudiese dudar de mi capacidad para lograr algo. Con pocas palabras y de forma sana ponía por un momento en pausa la humildad y me subía el autoestima. Me recordaba que no carezco de ninguna habilidad frente a otros y que lo único que basta para alcanzar ciertos propósitos es la actitud avasalladora e imparable para llegar de principio a fin.

Hoy soy yo quien me lo recuerda en cada proyecto nuevo ante el que no tengo la certeza completa de cómo desarrollarlo y por simple que parezca pues si funciona. Viene a mi mente cuando veo cadenas de mando y puestos claves con personas que no tienen ninguna habilidad más especial de las que pueda poseer yo y aún así por algo están ahí. Recuerdo esa frase cada vez que admiro a una persona por logros académicos excepcionales o por haber realizado algo sobresaliente en cualquier aspecto de su vida. ¿Qué tiene esa persona que no tenga yo para evitarme lograr lo mismo? 

El único obstáculo para cumplir con esos objetivos pues somos nosotros mismos. Si bien aplica para un nuevo papá, pues también para un nuevo universitario o futuro profesional. Es la misma regla que aplica para aquellos en busca de un gran trabajo o una maestría. O para aquellos que sueñan con metas que parecen distantes a tu situación actual pero que forman parte cotidiana de la vida de otros que ya van un poco más avanzados en el mismo camino.

Solo por un segundo imaginemos cuántas carencias existen dispersas en el mundo, cuántas dificultades enfrentaron otros que sí han podido lograr sus objetivos. O en mi caso actual, solo hay que ver alrededor y díganme que superpoder tienen todos los que ya han sido papás y les ha resultado bien. Entonces, si otros han podido ¿Por qué yo no?

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