Para todo hay una primera vez


En 2010, mientras cursaba el último año de universidad tuve la suerte de encontrarme con una experiencia laboral perfecta, mi primer trabajo: malas condiciones laborales, falta de liderazgo en la compañía, sensación de incertidumbre, exceso de trabajo y pésima paga. Y hoy pienso que fue perfecto por que en las condiciones más adversas posibles aprendí en 8 meses mucho más que en 4 años de universidad.

Para ponerles en perspectiva… Como parte de los requisitos de graduación en mi carrera era necesario completar un número de horas laborales en una pasantía que se aproximaba a tres meses de trabajo. Fue así que ese año nos facilitaron una lista de las compañías que estaban dispuestas a aceptar estudiantes y se me iluminaron los ojos cuando vi entre ellas una agencia de publicidad, pues siempre creí que la mayor debilidad de mi pénsum de estudios era esa área.  Aunque confieso que es la que menos me gusta.

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Nunca miré las pasantías como oportunidades para demostrar tus habilidades preparando y llevando café o enterando a los demás de lo bien que sabes usar la fotocopiadora. Cargando a diario mi propia computadora y ocupando el área de trabajo libre en el momento (cosa que sigo haciendo) tuve la oportunidad de aprender las tareas de varios miembros del equipo, los cuales felices empezaron a programar sus vacaciones más seguidos sabiendo que había alguien que podía cubrirlos. Así, de broma en broma, a las cuatro semanas de haber iniciado fui llamado a la oficina de la gerente quien me proponía pasar a formar parte de su planilla por C$ 4,000 mensuales. Sí, mi primer trabajo no valía ni U$ 200. 

No crean que eran tan tonto para considerar ese un buen salario, ¡En lo absoluto! Y menos cuando el promedio de los nuevos puestos era 4-5 veces superior. Pero como pasante estaba obligado a quedarme laborando todavía dos meses más, sin pago o ayuda alguna. Así que acepté el trabajo y por primera vez tuve el título de un puesto, así como también un escritorio donde trabajar. Estaba muy claro que esa era una compañía que pronto tendría que dejar ya que era un salario muy bajo para renegociar hasta un punto de confort. Pero esos dos meses restantes se extendieron a 7, me gustaba tanto lo que hacía y tenía tiempo libre de sobra para llenar mi día con un trabajo a tiempo completo mientras mis clases eran de noche así que continué haciéndolo hasta que llegaron las vacaciones de fin de año y decidí dejar el barco.

Si mis funciones ahí se pudiesen comparar con una banda de músicos, pues créanme cuando les digo que toqué desde el acordión hasta las maracas, sin haber recibido clases previas de ninguno. Pasé por cuentas, producción, contabilidad y asistente de gerencia… Cada uno se sumaba sin salir del anterior. Conocí y traté con clientes locales y regionales y hasta hice de traductor. Viví experiencias que me llevaron a estar en calles en horas de la madrugada, entrar a mercados, visitar paradas de buses, coordinar eventos benéficos y hasta experimentar como víctima y victimario de espionaje corporativo. Pero sobre todo aprendí a lidear con un sin número de personalidades tan distintas entre clientes y colegas que pude navegar entre buenos y malos humores sin verme nunca afectado.

Al final, la experiencia más difícil fue dejar el barco. Al darle mi renuncia a la gerente fui el primero en saber que en los próximos 10 minutos saldría a anunciarle a todos que uno de los clientes más importantes nos estaba dejando y que pronto el segundo más grande también lo haría. Eso obligaba a reducir la planilla en un 80% y significaba salir a anunciar próximos despidos. Eso amargó mi salida, por que mientras yo me iba con la tranquilidad de dejar un trabajo que no necesitaba otros debían irse obligados a la intranquilidad de ingeniarse cómo iban a soportar sus hogares en adelante.

Pero entre tantas cosas que pasaron en poco tiempo es mucho lo que pude aprender y si algo puedo compartirles a otros en breve es que hay que buscar esa primera pésima experiencia laboral:

Tu primer trabajo no se decide por cuánto paga, sino por cuánto se aprende. Es muy probable que no sea tu trabajo para toda la vida así que tranquilo por la remuneración. Es una excelente primera experiencia para conocer cómo negociar un salario y tener acceso a la industria para futuras comparaciones.

Esa primera vez es más lo que vas a aprender que lo que puedas aportar. Y si eso no lo sabe la compañía que elegiste pues entonces ya vas mal. Y si tenés la suerte de encontrar un buen coach, felicidades por que gaste una lotería de por vida.

No hay que tenerle miedo a las jornadas largas ni quejarse por la poca remuneración mientras estás ahí. Al fin de cuentas nadie te obligó a tomarlo, pero una vez acordado ya hay un compromiso que honrar.

– Aunque no lo parezca, siempre es momento de socializar. Mientras puedas conoce a todo el que se cruce en tu camino por que lo más valioso después del aprendizaje es el network que se puede formar.

Sobre todo, busca esta primera experiencia lo más temprano posible ya que no es lo mismo buscar algo que no necesitas que verte obligado a trabajar por necesidad. Los años de universidad son ideales para aprender que todos tenemos permiso para fallar.

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