No todos tienen permiso para fallar


Hacer las cosas de la misma manera todo el tiempo solo te asegura que siempre todo será igual. Decía Einstein que locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes. Así que en vez de escribir una entrada por semana y esperar que el blog se nutra de más contenido por arte de magia, pues mejor escribir dos. Además que esta semana tengo motivos suficientes.

Hace unos días mi esposa  y yo vivimos una mañana triste cuando una de las inquilinas más inquietas de nuestro hogar sufrió un accidente y murió. Mi compañera de ejercicios en los últimos meses y la mascota de mi esposa por los últimos siete años decidió salir de la casa muy temprano mientras no la veíamos para jugar con otro perro de una casa vecina. Todo esto sin imaginar que, confiados por vivir rodeados de gente que creemos civilizada dentro de un residencial, una persona llena de imprudencia pasaría a exceso de velocidad y golpearía a ambos perritos matando a nuestra Liz. Desde que escuchamos el golpe hasta que pude llegar y levantarla no pasaron más de 20 segundos, pero fue tiempo suficiente para que la persona responsable ni siquiera tuviese la cortesía de detenerse y disculparse por lo que había ocasionado. El tiempo que todavía nuestra Liz pudo respirar fue apenas suficiente para llevarla en brazos a la casa y que ahí ya no sufriera más.

Imposible negar que no dejó un vacío en el hogar. Para algunos son simples mascotas, para otros son seres vivos con suficiente viveza y personalidad para convivir como uno más de la familia. Pero más allá del momento triste y de la falta que nos va a hacer me dejó un sabor amargo al reflexionar que en definitiva no todos tienen permiso para fallar.

Y si bien este blog se basa en que el error y la experimentación son el fundamento del éxito y la innovación, pues no en toda situación se permite un margen de error. Si bien hace dos días fue una mascota, una persona imprudente en las mismas condiciones puede acabar con la vida de otra y ni siquiera detenerse. Creo en los accidentes y me gusta pensar que muchas cosas malas pasan por simple descuido, pero no siempre se puede ser tan descuidado.

No siempre puede haber permiso para fallar. No cuando jugamos con las vidas de otros, no cuando los doctores llevan pacientes a sus quirófanos, no cuando tomamos un volante bajo los efectos del alcohol y mucho menos cuando en nuestras manos cargamos como responsabilidad la vida de muchos otros.

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¿Alguna vez has considerado en manos de cuántas personas recae la seguridad de tu vida?

Al tomar un carro un tren o un avión, quien estuvo detrás de la construcción de cada edificio al que ingresamos, aquellos que manipulan cada alimento que llevamos a la mesa, las organizaciones que certifican los medicamentos que consumimos y así la lista podría seguir… En fin, son miles las situaciones en las que un error puede llevar a una situación sin marcha atrás.

Solo espero que sirva para un momento de reflexión, pues si bien es cierto que errando se aprende y seguiremos promoviendo la experimentación, vale la pena aclarar que esto de permiso para fallar no aplica a todo.

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