Lo mucho que importa vivir con menos


Si bien es cierto no soy especialista en finanzas, ni tampoco judío -pues no tanto- como para dar muchos consejos en cuanto al manejo del dinero, pero más de una vez he sido reprochado por mi particular manera de no derrochar lo que a uno le cuesta. Permiso Para Fallar no es un blog financiero, ni pretendemos competir por la audiencia de ese tema, pero estamos sumamente convencidos por propia experiencia que nunca está de más alertar  a otros profesionales de las reglas universales para alcanzar la tranquilidad financiera.

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Vivir con menos para ahorrar.

Siento ser tan duro de entrada, pero no hay otra manera de decirlo. Es puro sentido común: Si sale más de lo que entra entonces simplemente ya no saldrá más. Lo difícil no es comprenderlo, sino asimilarlo. Es natural sentirse atraído por todo lo que el mundo nos ofrece, pero eso no significa que todo lo podamos tomar a la vez. Así como en la vida nacemos sin fuerza ni coordinación suficiente para sostenernos y progresivamente aprendemos a gatear y luego caminar… Es igual de lógico entender que todas las comodidades y bienes a los que aspiramos deberán lograrse de a poco durante una trayectoria de vida.

Nada pasa de la noche a la mañana, así que mucha paciencia… Si aprendemos a balancear el estilo de vida que queremos tener con aquel que podemos vamos a descubrir la brecha que te permite ahorrar.

¿Por qué todo el mundo insiste en ahorrar?

Pues al menos mi insistencia se basa en pura experiencia personal… Evitarte dolores de cabezas. Un cultura de ahorro basada en el no derroche es el equivalente a un cojín lleno de espuma que espera abajo mientras subes de poco a poco una pared de piedras sin usar ningún arnés. Siempre existe la posibilidad de tropezar en algún momento y caer, así que entre más grueso y lleno de espuma esté el cojín menos nos vamos a golpear antes de intentar volver a subir. ¿Me explico?

Los resultados de una cultura de ahorro pueden ser de mucha ayuda cuando se enfrentan circunstancias en las que es inevitable no superar las salidas versus los ingresos de efectivo. Son situaciones normales tanto en las finanzas personales como en las corporativas. El nacimiento de un nuevo bebé, matrimonio, maestría, emergencias… O el desarrollo de una nueva línea de negocios, la adquisición de una compañía o inversiones en pro de expansión suelen ser situaciones financieras en las que un cojín de efectivo puede ser muy útil para no mermar la liquidez o un atractivo que te da credibilidad ante acreedores para financiar esas necesidades.

Hace poco más de 7 meses apareció en mi camino una gran sorpresa… De esas maravillosas que te dan 9 meses de aviso previo antes de llegar. Cuando les digo que por experiencia propia recomiendo ponerse serios en esto de ahorrar, es por que no todas las sorpresas que llegan a nuestras vidas son tan consideradas de avisar con tanta anticipación -y pues ni fue tanta por que el tiempo pasa volando- así que mejor prevenir que lamentar. O en otras palabras, mejor ahorrar que gastar de más, por que esos pequeños sacrificios de hoy podrán ser de gran ayuda mañana.

El ahorro no siempre es de hoy para mañana.

Gastar menos de lo que puedes te da un margen para ahorrar, pero hacerlo no significa únicamente guardar la plata en el banco y dejarla tan fácil a tu disposición en cualquier momento. No siempre se ahorra de hoy para mañana, ¿Has pensado en como será tu vida luego de mañana? Considerando que  la esperanza de vida del nicaragüense promedio es de 74.5 año, si hacemos números “como en la pulpería” un joven profesional que a sus 25 años logre ahorrar U$ 7 mil en un fondo de retiro al 7% anual, al jubilarse a los 65 años y suponiendo que no ahorró más allá de esos 7 mil dólares habrá logrado retirarse con un “cojín” de U$ 114 mil luego de 480 capitalizaciones mensuales. Yo sé que suena bonito y fácil… pero me dirán ¿y cómo hago para ahorrar esa cantidad siendo tan joven? Bueno, aplazando por un momento comodidades a las que podrás optar eventualmente.

Si lo pensamos con la cabeza fría, la edad promedio de un nuevo profesional egresado ronda los 21-23 años. Si sacrificamos un par de años de comodidades en la juventud, podrás gozar de muchos más años de tranquilidad en el futuro.

En tus primero años de profesional es cuando puede haber menos resistencia al no derroche, pues simplemente no te has creado una necesidad… No hay obligaciones familiares -por lo general- y es poco probable que enfrentes responsabilidades financieras, así que si de algo sirve este consejo solo traten de seguirlo pues viene de alguien con permiso para fallar.

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