No siempre lo bueno es lo mejor


Theodore Roosevelt era un débil niño asmático que se convirtió en soldado, cazador y vigésimo sexto presidente de EEUU. Apostaría a que la mamá de Roosevelt hubiese querido un cura, abogado o doctor. Así es como quiero explicarles que lo que queremos hacer no siempre va de la mano con lo que somos capaces de lograr.

Por muy valientes que nos creamos, nuestra naturaleza nos seduce siempre a tomar primero ese camino seguro donde lo bueno no siempre es necesariamente lo mejor. El chiste está de vez en cuando en no dejarse convencer. En palabras de otros, la resignación por lo seguro se llama mediocridad. Llegar hasta la mitad del camino donde ya se empieza a ver un bonito panorama no significa que hayamos llegado hasta la cima de la montaña y es por eso que debemos saber separar lo que es bueno de lo que es mejor.

Roosevelt fue educado en casa por miedo de sus padres ante la debilidad de su cuerpo y los peligros del asma. Sin embargo ese frágil niño se conviritió en un rudo e invencible hombre gracias a su casi obsesión por el ejercicio y la vida sana. Una mejora notable en su salud le permitió salir de su hogar y educarse en Harvard, luchar como uno más en el ejército, convertirse en un feroz cazador y llegar a conquistar la cima del poder del mundo moderno. Si hay algo que no represente a Roosevelt es la debilidad, pues ese delicado niño llegó a ser un hombre que soportó una bala entre sus costillas por más de una hora mientras daba un discurso antes de aceptar ser tratado en un hospital. Y no con esto digo que todos debamos soportar el dolor de una bala, pero que envidia tener desde muy joven esa pasión y claridad para saber que las peores barreras se las pone y quita uno mismo.

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Los demás no siempre buscan lo mejor.

A como decía, profesiones como doctor, ingeniero o sacerdote puede que sean los deseos de aquellos que nos crían y rodean con expectativas de una vida mejor. La vida enlatada consiste en estudiar durante tu niñez y adolescencia para probar tus habilidades de memorizar textos, luego escoger una carrera segura para encontrar un buen trabajo y no dejar pasar mucho antes de seguir tus estudios. Pues bien, es una buena guía pero no significa que sea el único camino para lograr triunfar. Prueba de ello son las muy sonadas historias de los líderes empresariales del mundo moderno.

Como decía, los demás no siempre quieren lo mejor. Estamos de acuerdo en que desean algo bueno, pero su temor por nuestros posibles fracasos les nubla el pensamiento y posiblemente logren limitar el nuestro.

Da un paso hacia la diferencia.

Tenía 15 años (no hace mucho) cuando entré a la Universidad, por tanto la decisión de qué carrera estudiar fue algo que me tocó muy joven. Aunque mi abuela hubiese sido muy feliz con un cura o doctor, al igual que mis profesores de secundaria también se inclinaba por un ingeniero industrial. Por dicha siempre tuve la libertad en la selección de mi carrera y universidad de dejarme llevar por mis propias decisiones gracias a que mi mamá fue la primera en darme permiso para fallar.

Nunca me pesó no hacer lo que otros esperaban ni haber ignorado esos consejos, pues siempre me gustó más la idea de sentirme feliz y seguro con mis decisiones antes de hacer feliz a otros. A fin de cuentas todos los conocimientos se pueden aprender e intercambiar. Siempre quise aprender a interpretar y emitir mensajes que deriven en acciones sin ser psicólogo, conocer lo esencial para manejar una compañía sin ser administrador y trabajar en la investigación y desarrollo de nuevos negocios. Y esa determinación en hacer lo que yo creía mejor sin importar lo que para otros era bueno me ha hecho sentir muy orgulloso con lo que he logrado, hasta el momento.

Esto de lo que es bueno y lo que es mejor no significa que siempre debamos ignorar consejos, mucho menos de aquellos que saben más que nosotros, sino más bien crearnos la habilidad de reconocer aquellos momentos en los que un toque de rebeldía y diferencia pueden potenciar nuestros verdaderos deseos en acciones para alcanzar eso mejor.

Gracias por sus comentarios a mi correo (antonio@permisoparafallar.com). Los invito también a comentar nuestro blog y seguirnos en nuestro Twitter y Facebook. Ya suman 55 publicaciones en este blog y estoy seguro hay más de alguna que pueda ser de mucha ayuda para alguien que necesite permiso para fallar.

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